La sartén por el mango

lunes, febrero 26, 2007

Renace la esperanza en Cartagena

Ya no me sorprenden los maravillosos locales de los restaurantes en Cartagena, en especial si se ubican en el centro histórico donde abundan casonas enormes, patios sombreados, calles empedradas y muros de piedra de coral. Sin embargo, conocí uno nuevo que me dejó sin aliento.

Se trata de La Cava Cocina y Vinoteca, que con lo primero sale airoso pero de lo último tiene muy, pero muy poco: no hay carta de vinos, lo cual no es necesario cuando tan sólo se tienen tres o cuatro vinos para ofrecer. La casa, a media cuadra de la Plaza de Santo Domingo y vecina de la fastuosa Casa Pestagua, es de una grandilocuencia hasta exagerada. Allí mismo, desde hace pocos meses, funciona el Hotel El Marqués, una de esas posadas boutique que ahora abundan en el centro de Cartagena, cada uno con su particular encanto. Éste, sin embargo, por su ubicación y su maravillosa arquitectura, creo que está llamado a sobresalir.

Entremos en materia, que vinimos fue a comer. Con un Santa Rita Medalla Real Cabernet Sauvignon de 2003, corpulento y generoso, nos pusimos a tono. La carta va por aquello que aún hoy osan llamar fusión, y que nos es más que la mezcla de culturas gastronómicas, de manera que se puede encontrar influencia francesa en una terrina de conejo y ternera ($17.000), algo oriental en un roll de mousse de salmón con láminas de langostinos ($17.000), un poco de cocina española con una tabla de quesos y carnes españolas ($40.000), y el consabido carpaccio de lomo sellado que trae recuerdos itálicos. Eso en materia de entradas frías, que no es diferente en las caliente: rollitos asiáticos rellenos de pollo y maní con salsa de mandarina ($13.000), calamares rellenos de arroz y hierbabuena ($14.000), cuadritos de lomo flambeado con cognac ($19.500) y frutos de mar, como es natural. Ah, olvido una sopa que me llamó la atención: crema de zanahoria con jengibre, sauvignon blanc y hierbabuena ($9.500)

De entrada recomiendo, bocaditos de mero ($15.000), rodeados por una delgada y crujiente lámina de yuca con un leve sabor a ron y melao de caña y jengibre para untar, presentados de manera impecable y que, a pesar de estar algo secos en su centro, constituyen una respetable pieza gastronómica: delicados pero rotundos, convincentes y bien ejecutados. La sección de fuertes es maravillosa: chuletón, lomo, mero, arroces, langostinos, salmón; pero yo me incliné por el conejo deshuesado a la parrilla, relleno de filete de mero y con salsa de uvas ($32.000). ¡Qué extraño plato, con sabores y texturas que se oponen! En justicia, terriblemente bajo de sazón y con una ornamentación que dificulta comerlo. Muy rococó, si se me permite el adjetivo. Sin embargo, a pesar de sus grandes defectos, el concepto es interesante.

Terminé mi cena con un cheescake de Baileys y helado de menta y pimienta, bien presentado y de buen sabor, aunque no es un postre delicado ni complejo. Rico, eso sí. Después del café vienen las conclusiones. Lo importante de esta experiencia no se limita a la gastronomía. Este lugar abarca con acierto un ambiente fabuloso y romántico, una ciudad maravillosa y alegre alrededor, y una cocina con buenas ideas y ejecución de nivel aceptable. Vamos a ver si así, con locales nuevos como La Cava Cocina y Vinoteca, Cartagena despierta del sopor gastronómico que viene padeciendo. Vamos a ver…

La Cava Cocina y Vinotera
Dirección: Calle Santo Domingo N° 33-41, Cartagena.
Teléfono: 664 9771.

teodoromadureira@hotmail.com

1 + + Comida
2 + + Creatividad
3 + + Presentación
4 Carta de vinos
5 + + Ambiente
6 + + + Atención
Total 11 de 18

Precio $ $ $

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viernes, abril 28, 2006

Una fortaleza en ruinas

El Club de Pesca, en Cartagena, es toda una institución. Si no estoy mal, ya supera los 40 años de servicio, y la verdad es que es una de las facetas lindas de La Heroica. Está en el Fuerte de San Sebastián del Pastelillo, joya de la arquitectura militar cartagenera, construido en 1743 sobre las ruinas de la primera fortaleza que se levantó en la ciudad.

Este lugar era uno de los bastiones de la defensa de la bahía contra los ataques de piratas y corsarios, con 31 cañones apostados en sus tres murallas. Es una construcción magnífica, con sus gruesos muros cargados de historia y, además, es un ejemplo de la arquitectura por la que Cartagena ha cobrado fama internacional. Hoy, siglos después de haber renunciado a su uso militar, se ha convertido en uno de los lugares más románticos de la ciudad.

Yo reservé una mesa en el muelle, que es, a mi gusto, el mejor comedor de El Club de Pesca, desde donde se tiene una vista prodigiosa de la bahía y se recibe la frescura de la brisa marina. Lástima que ahora instalaron unas feas carpas iluminadas por luces blancas, que le restan calor y romanticismo al muelle. De resto, perfecto: boleros (Noches de Cartagena incluida, por supuesto), luz de luna y una botella de chardonnay chileno un poco más frío de lo que debía estar.

Y perdonen si me distraigo en alabanzas a la arquitectura y el ambiente, y dejo de lado con esto el tema que en realidad nos ocupa, que es la comida, pero es que no hay mucho que decir sobre este aspecto. La cocina de El Club de Pesca es simple, sosa y tremendamente anticuada. ¿Cómo puede ser posible que en un restaurante que supuestamente figura como la punta de lanza en Cartagena aún ofrezcan en la carta platos tan arcaicos y escuetos como un pollo al vino? ¿Eso es todo lo que tienen en su repertorio? Y no es lo peor: medallones de lomo a la pimienta o a la bernesa, pechuga de pollo al estragón, ¡pollo a la plancha! ¡Parece el menú de una Primera Comunión en los años ochenta!

Las muelas de cangrejo en vinagreta que probé llegaron en un tamaño desastrosamente irregular, unas medianas pero la mayoría mínimas, aunque la vinagreta estaba de buen sabor, un poco dulzona pero perceptible en su justo punto. También un cóctel de langostinos, nada asombroso, aunque debo anotar la extrema frescura de sus ingredientes, lo cual es de esperarse en un restaurante al lado del mar.

El Festival de Mariscos es el plato fuerte recomendable. Trae una langosta de tamaño apenas justo, algunos langostinos y un filete de pescado blanco, todo a la plancha, y de compañía calamares encebollados, caracoles al coco, un mejillón al ajillo, arroz con coco y patacones. Buen tamaño. Uno queda satisfecho. Pero estamos hablando de un plato que sobresale únicamente por eso. De creatividad, de pericia culinaria, de innovación y desarrollo, nada. El Filete de Róbalo en salsa de mariscos estaba riquísimo, eso sí, de buena sazón y en buen término. Y los postres… Bueno… Como dice Andrés López, “deje así”.

No es por censurar o descalificar a este importante restaurante Cartagenero, pero pienso que si se goza de sus dos grandes cualidades, como son estar ubicado en un emplazamiento privilegiado y ser uno de los más visitados por los turistas que llegan a la ciudad, no se puede bajar la guardia en lo primordial, que es la cocina. Este es un restaurante de alto nivel, no un localito. Así que deberían ser consecuentes en los fogones con semejante responsabilidad. Quizá ya sea hora de revisar la carta, de reformar la cocina, de ofrecer algo de la creatividad que se desarrolla en otros restaurantes cartageneros. Porque quizá solo así El Club de Pesca estará preparado para dar la batalla durante otros cuarenta años.

Club de Pesca
Manga, Fuerte de San Sebastián del Pastelillo, Cartagena.
Teléfono: 660 5863.

teodoromadureira@hotmail.com
http://elmango.blogspot.com/

1 + Comida
2 Creatividad
3 Presentación
4 + + Carta de vinos
5 + + + Ambiente
6 + + + Atención
Total 9 de 18

Precio $$$

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lunes, abril 24, 2006

Muy cerca de la santidad

Aproveché los días de Semana Santa para dar un paseo por Cartagena y, como siempre, las callejuelas del centro revelaron su hermosura sin reservas y me permitieron disfrutar algunos de sus secretos. Uno de ellos, un restaurante ya tradicional, venido a menos hace algunos años pero ahora en pleno resurgimiento, me dejó en las puertas del cielo. Se trata de El Santísimo, ubicado en una de esas casonas del centro histórico y con un agradable patio sombreado por un palo de mango.

En estos fogones hay dos tendencias dominantes: la cocina del sudeste asiático y la tradicional cartagenera, y los dos se relacionan de buena manera. Dentro del menú, por ejemplo, se pueden encontrar algunos de los platos típicos de Cartagena, como la posta negra, la caldereta de mero y yuca o las deliciosas carimañolas rellenas con guiso de lomo de res.

Al son de boleros, como es natural, y con un Navarro Correa Colección Privada chardonnay sobre la mesa, nos santiguamos antes de empezar la cena con un Mama Cocha, un clásico cóctel de langostinos, regordetes y fresquísimos, presentados en la cuenca de una hoja de mazorca y acompañados con papitas en chip crocantes y doradas. Luego, el que para mí resultó ser el milagro de El Santísimo: un tartar de mojarra fresca, trucha ahumada y aguacate en brunoise. La combinación es perfecta. La mojarra y el aguacate, los dos de sabor suave, casi neutro, ayudan a domar el gusto ahumado de la trucha, y en conjunto aportan una textura deliciosa. El mesero trajo pan francés tostado para acompañar el tartar, pero yo lo encontré tan delicado que preferí comerlo solo.

En los fuertes, los langostinos Vishnú (el Dios conservador) son de santiguar, de tamaño no muy generoso, quizá U16-20, marinados con limón y cúrcuma, luego cocidos sobre la plancha y terminados sobre una salsa de jengibre fresco y la primera leche de coco. La presentación igual de sublime: llegan a la mesa en un vistoso envoltorio de hojas de bijao o platanillo, con yuquitas fritas y una sencilla pero refrescante ensalada verde. Suelo disfrutar del sabor de los langostinos sin muchas añadiduras, pero esta preparación la encontré exquisita: de suavidad justa, con el nivel de picante ideal y con los reflejos del jengibre presentes. También pasé mi tenedor por Los Gozosos, un plato de langostinos al ajillo con jerez y limón criollo en el que lamentablemente el sabor del ajo se imponía, quizá porque les faltó dorarlo bien en la sartén antes de flambear con el jerez.

De postre, y debo decir que en este lugar los postres son bastante dignos, la Lujuria, un crepe de moka que envuelve una bola de helado de vainilla de muy buena calidad, no de supermercado, sobre un espejo de salsa de chocolate blanco y menta; y la Envidia, un tulipán de galleta con mousse de mango en el centro, más dulzón que afrutado, y bañado con una imponente salsa de agraz que disfruté hasta la última cucharada.

Y acá viene el detalle especial de la cena. En medio de la noche cayó con gran estruendo un mango maduro que se desprendió de su palo y fue a dar a pocos centímetros de mi mesa. Al ver esto, sonrojada, una de las meseras lo recogió y nos ofreció, cortesía de la casa, un jugo fresco de mango, delicioso, recién preparado con ese inesperado fruto, y que fue la manera más refrescante y divertida de terminar la noche.

El Santísimo.
Dirección: Calle del Santísimo N° 9-19, cerca al Hotel Santa Clara.
Teléfono: 664 3316.

teodoromadureira@hotmail.com

1 + + Comida
2 + + + Creatividad
3 + + + Presentación
4 + + + Carta de vinos
5 + + Ambiente
6 + + + Atención
Total 16 de 18

Precio $$$

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